martes, 28 de noviembre de 2017

ALGO NUEVO VIII

VIII

Tom se estaba planteando seriamente cambiar de número telefónico, y pedirle a sus amigos que nadie se lo fuera a pasar a Shermine, así eso fuera el colmo de la grosería para con ella; pero es que ya estaba cansado de sus reclamos. Ella le echó en cara haberla usado, haberla dejado creer que le gustaba, y Tom solo pudo responder que ella en verdad le gustaba (aunque no fuera cierto, tenía que guardar las apariencias) pero no lo suficiente como para convertirla en su pareja, que era lo que percibía ella estaba buscando. Luego ella cambió la estrategia, y propuso que perfectamente podían ser “amigos con beneficios” y tener sexo satisfactorio para ambos, que si lo había detenido antes pensar que asumiría un compromiso ya no era necesario; responder a eso era más difícil para Tom —porque no podía decirle que su gemelo/esposo era demasiado celoso para soportar que tuviera sexo con alguien más, ni tampoco que en verdad no le gustaban las mujeres, que tener sexo con una mujer era un sacrificio que solo había hecho una o dos veces en su vida por causas más que justificadas, y este no era el caso—, así que se escudó con el trabajo, el estrés, su divorcio aún no terminado. Deseaba poder mandarla a la mierda sin tantos miramientos y acabar de una vez con la tortura, pero sabía que eso no era posible, no en ese momento: todavía necesitaban la publicidad, todavía tenían que coincidir con ella en su círculo de amigos y negocios en Alemania, todavía ella podía hacer declaraciones nada favorables para su imagen.

Bill tampoco tenía mucha paciencia para escucharlo darle excusa tras excusa a Shermine, y más bien deseaba lanzar el teléfono contra algo que lo hiciera añicos, como ya había hecho otras veces antes.



Caro llegó a L.A., Bill la llevó de compras por la ciudad, almorzaron luego juntos, y la noche siguiente Bill y Tom la escoltaron a varios de los mejores clubes nocturnos en West Hollywood.
—Así podrás decir a tu novio que tenías dos guardaespaldas —bromeó Tom y ella rió; Caro era en verdad bellísima y simpática, pero por alguna razón Tom no se sentía amenazado cuando ella estaba con Bill.
—Sí, ustedes han sido unos amores, demasiado amables conmigo; la próxima vez, Tom, quiero que compartamos más los tres…
—Ouch, ¿te aburriste cuando saliste sola conmigo? —Bill puso cara de herido pero sin abandonar el tono bromista que imperaba entre ellos esa noche.
—No, bobo, claro que no —ella se rió—, pero Tom es muy gracioso, no puedes negarlo.
—No lo niego —Bill miró a Tom significativamente—, a mí siempre me hace reír; Tom alegra mi corazón.
—Soy tu sol… —Tom intervino, llevando la broma un poco más allá.
—Eso —repuso Bill y los tres rieron.



Se fueron a dormir casi cuando amanecía, y quedaron en que los Kaulitz llevarían a Caro al aeropuerto al día siguiente, y ella los invitaría a comer algo antes.

Después de regresar a la casa, al fin los Kaulitz se vieron solos y sin ninguna obligación fuera de ellos mismos, su música y sus bebés perros. Se concentraron en disfrutarse, en apretar más los lazos que los unían, en los días que quedaban antes de su viaje a Europa.

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La villa Rizzo era sencillamente espectacular, así como el paisaje en que había sido edificada. El arquitecto había sido el propio dueño, Davide Rizzo, quien los había invitado a pasar unos días de descanso en su paraíso particular, en muy buena compañía: aparte de Daniel Zeitz, la pareja de Davide, formaría parte de la pandilla otra pareja gay, los buenos amigos de los Kaulitz —especialmente de Bill— Mumi Haiati y Marc Goehring. Precisamente el hecho de que serían dos parejas gay quienes los acompañarían, preocupó en un inicio a Tom.




—¿No te parece que nuestras fans pueden sacar conclusiones de eso? —preguntó cuando todavía iban en el avión hacia Italia; Bill le ofreció una sonrisa maliciosa.
—Ya sabes que me gusta provocar.
—Bueno… —Tom solo alzó los hombros, dando a  entender que para él estaba bien.
—Y la zorra sigue en Positano; imagino que estará vigilando mi instagram, esperando que la contactes.
—Uh, sí, me dan escalofríos cuando recuerdo que me mandó sus imágenes mostrando que atrapó el ramo de la novia: si va a ser la próxima en casarse, más vale que acabe de notar que no lo hará conmigo.
—Ya estás casado, legalmente con Ria, y espiritualmente conmigo, así que ni modo…
—Ni aunque estuviera soltero; no me casaría con ella.
—Ya lo sé, Tom Tom —Bill se rió.

Fue una semana divertida, tanto cuando estaban con sus amigos que cuando se quedaban solos, porque el ambiente en la villa invitaba a ser libre y se comportaban todos con mucha naturalidad. Cuando las otras dos parejas se retiraban a su intimidad, nadie extrañaba que Bill y Tom también se quedaran juntos en un mismo lugar (generalmente en la piscina, o en su habitación); los demás no hacían preguntas incómodas ni se mostraban extrañados por nada.
















Ya los Kaulitz habían encontrado otros amigos así antes, de esos a los que no había que explicarles nada de lo que pasaba entre ellos para que lo entendieran y adivinaran sin necesidad de confesiones, por ejemplo, los diseñadores gemelos Dean y Dan Caten, quienes también los habían invitado en 2009 a pasar unos días en su mansión. Claro, en el caso de los Caten la empatía era mayor porque ellos también eran gemelos en una relación amorosa, eran muy libres y abiertos, y los Kaulitz tenían la esperanza de poder llegar a la edad de ellos estando juntos y así de bien como pareja.

Con tan buen ambiente alrededor, los días pasaron rápidamente y les costó tener que dejar esa paz para volver a Berlín, una vez más teniendo que fingir delante de otras personas que solo eran hermanos muy dependientes, escondiéndose detrás de máscaras, de imágenes de ellos que no eran reales.

Pocos días antes del cumpleaños 28 de los Kaulitz, asistieron, la banda en pleno, al show Inas Nacht, para promocionar el nuevo single  “Boy, don´t cry”, aunque solo Bill y Tom participaron del diálogo que incluiría a otro invitado muy conocido por Bill, el diseñador Wolfgang Joop, un hombre muy mayor que le manifestaba su afecto al gemelo diez minutos más joven de un modo que a Tom lo hacía sentir incómodo, así que eligió sentarse más cerca de este para alejarlo de Bill.

La conductora del show logró sacarles varias confesiones de su infancia y adolescencia, de sus inicios en la industria de la música, pero uno de los momentos más calientes fue cuando ella preguntó a Tom por su matrimonio y divorcio, y él contestó con evasivas y dándole poca importancia al asunto; el otro, fue que Bill y Tom admitieran que vivían como si ambos fueran una pareja. También les sorprendió que preguntaran a Tom qué había de cierto en el rumor de que él tenía algo con Shermine; Tom salió del mal paso afirmando no haber escuchado ese rumor. De todos modos, el show demoraría en salir al aire, y en unos días más llegaría el 1ro de septiembre.

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La víspera, Tom regresó al apartamento que compartía con su gemelo cuando estaban en Berlín —siempre que no tuvieran invitados a Georg y Gustav, o Andreas, con sus respectivas parejas— y se encontró con varias fans con las que tuvo que acceder a tomarse selfies. Sonrió para las cámaras de ellas pero al encontrar de nuevo a Bill, su reacción fue  muy distinta.



—¿Encontraste los cigarrillos? —Bill lo esperaba en ropa interior sobre la cama; planeaban pasar la noche despiertos, ver amanecer juntos entre besos y caricias: Tom había salido por los cigarrillos que se les habían terminado mientras Bill alimentaba y acomodaba para dormir a Pumba y Capper.
—Sí, y también a unas fans —su cara mostraba su disgusto—; me hizo recordar cuando entraron a nuestra casa en Hamburgo… Ya saben que vivimos en este vecindario, ¿y si otra vez tratan de violar nuestra privacidad?
—Espero que no, Tomi —Bill se incorporó sobre las rodillas y atrajo a Tom a sus brazos, él también estaba bastante traumatizado con el tema y cómo las autoridades policiales no hicieron nada por ellos, como si el hecho de ser famosos los hiciera culpables y no víctimas—. De todos modos, tengo planeada una sorpresa para ti, para… nosotros: mañana, después de la fiesta, nos iremos a una habitación de lujo en Soho House; estaremos apartados de todos, y lejos del alcance de intrusos y fisgones.
—Eso me gusta —Tom se acomodó mejor junto a Bill, se miraron a los ojos y comenzaron a besarse; era la madrugada de su cumpleaños 28 y así era como siempre querían empezar su cumpleaños: entre besos y caricias, uno en brazos del otro.

Después de dormir las horas debidas, pasaron el día de compras, todo el tiempo juntos, y eligieron uno para el otro los suéteres de Gucci que estrenarían; cuando Tom le mostró a Bill el que le había elegido y por qué, Bill se enterneció: por detrás tenía escrito “AMADO”, y era así como Tom quería que se sintiera; poco faltó para que Bill se lanzara a besarlo en medio de la tienda, pero se contuvo el tiempo suficiente para arrastrarlo a uno de los probadores y atrapar sus labios, pegar sus cuerpos, y luego mirarse a los ojos, abrazados.



—Otro año de vida a  tu lado; sin ti, no querría vivir ni uno más.
—Tampoco yo; eso es lo que significa “As Young as we are”.
—Sí, justo eso.
—Pero no nos deprimamos; mira, ¡qué buena noticia que Shermine dejó de seguir tu cuenta de Instagram justo hoy!
—Ah, pues sí; debe estar molesta porque no la hemos invitado a nuestra fiesta.
—Ni a nada…
—Ni a nada; espero podamos mantenerlo así.

Al salir, se hicieron un selfie con su nuevo atuendo; sonrientes.

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Fue una fiesta encantadora; sin demasiada gente ni demasiada locura; el punto exacto de diversión y bienestar. Y ya cuando estuvieron solos en la habitación del hotel, y Bill terminaba de darse su ducha mientras Tom lo esperaba bajo los cobertores, encontró a Tom riendo mientras miraba algo en su móvil.
—Hum, ¿qué es? ¿Porno?
—Casi. Son los gemelos Zakar.
—Ah, Zack y Mike, ¿siguen sin admitir que tienen sexo?
—Claro, como tú y yo; salimos y le decimos a todos que somos la pareja perfecta, solo que sin sexo…
—Ajá, y sospecho que a nosotros tampoco nos creen…
—Muchos lo creen…
—Y muchos no; ya sabes, de sobra sabemos que hay miles que apoyarían nuestro amor… si algún día lo pudiéramos asumir.
—Y millones que nos odiarían absolutamente, mientras tal vez hasta estemos en la cárcel por culpa de este… amor prohibido.
—Sí, tienes razón en eso —pensar en ello le entristeció un poco, así que intentó animar el ambiente de nuevo—. Y… ¿qué era lo gracioso esta vez de esos dos?
—Pues… la historia de un “vuele” juntos, con “hierba” y se atrevieron a contar que Mike le propuso a Zack que tuvieran sexo…
—Uf, atrevido, sí…
—Y es que lo cuentan de un modo que no puedes dejar de reírte, y siempre medio desnudos por todas partes.
—Me hiciste recordar… nosotros en tu auto, con un “vuele” de “hierba”, totalmente desnudos… y teniendo sexo ahí mismo… éramos unos adolescentes con las hormonas a mil…
—Estuvo algo incómodo pero buenísimo… —asintió Tom, un poco nostálgico de esos tiempos en que todo era mucho más fácil, cuando creían que nada ni nadie podía separarlos y que ninguno de los dos dañaría nunca al otro, ¡eran tan ingenuos entonces!
—Sí, ahora tenemos sábanas de seda y colchón de lujo; no vamos a desperdiciar eso ni por un minuto más —Bill le quitó el móvil de las manos y se le fue encima, cubriéndolo con su cuerpo. En unos minutos, todo lo que se le podía escuchar eran gemidos.


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Estuvieron exactamente tres días con sus noches encerrados en la lujosa habitación, pasando tiempo juntos, tomando cenas, desayunos y meriendas compartidos, teniendo mucho de ese buen sexo que les caracterizaba. Pero llegó el momento en que tuvieron que partir, nuevos compromisos los esperaban.



Por ejemplo, una cita con Evi Jade —con quien ya habían departido en sus vacaciones en Ibiza—, en Dusseldorf, donde ella tenía su base, para discutir asuntos de negocios y hacerle cierta promoción a su marca: aunque pareciera que ya no eran tan populares, la presencia de alguno de los miembros de Tokio Hotel, especialmente los Kaulitz, en un evento, de por sí ya era publicidad para el evento; igualmente que ellos usaran alguna marca de la moda, automáticamente traía consigo más popularidad para esa marca.

Se suponía que ambos debían asistir, pero Bill empezó a sentirse un poco mal y tendría que guardar reposo; en unos días más estarían en la prueba de los nuevos Cadillac —otra marca que también promocionaban— y estarían filmándolos para THTV y Bill necesitaba estar mejor para ese momento, frente a las cámaras.
—Podemos solo cancelar —sugirió desde la cama.
—Supongo que podría ir yo solo pero… tampoco me gusta dejarte solo cuando estás enfermo.
—Bueno, sería solo un día, y no estoy tan mal, solo debo descansar; ese no es tanto problema. Evi se molestará con nosotros después de haber planeado esto por tanto tiempo y que la cancelemos a última hora  pero… si no sientes que debas hacerlo… no lo hagas.
—Necesitamos esos negocios, Billy. La música no nos está dando tanto resultado económicamente; no por sí misma, ya lo sabes. Dependemos de todo ese extra que nos da ser quienes somos ante la opinión pública para mantener nuestro estilo de vida.
—Es cierto. ¿Y entonces…?
—Entonces yo iré; será solo una noche alternando con ellos, haciendo negocios, y dejándose fotografiar. Y estaré pendiente de ti, te estaré llamando. No me gusta pero… tenemos que hacer algunos sacrificios.
—Ah, mi Tomi, al rescate —Tom se inclinó para besarlo pero Bill no lo dejó—. Hey, que todavía podrías contagiarte y entonces sí estaremos jodidos.
—Hum, ya estoy jodido si tengo que viajar sin darte un beso o que hagamos el amor.
—Lo siento… —Bill se sonrojó un poco, realmente deseando todo eso que Tom también ansiaba—, solo abrázame, ¿sí?

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Realmente Tom estaba disfrutando el evento todo lo que le permitía su preocupación por Bill, hasta que vio llegar a Shermine. Se maldijo interiormente: ¿Cómo no se había imaginado que ella podría estar invitada también? Después de todo, ella acostumbraba hacer photoshoots para Evi, y su hija Kimi era una de sus mejores amigas. Durante toda la noche, se las apañó lo mejor que pudo para evitarla sin ser grosero, ni demasiado evidente, pero a la hora de marcharse ella al fin lo tomó desprevenido.
—Te has mantenido ocupado toda la noche, sin tiempo para conversar conmigo…
—Ah, lo siento, Shermine; tenía que alternar con toda esa gente, para eso vine hasta acá.
—Y veo que Bill no te acompañó; es raro ya que son tan inseparables, ¿no?
—Bill está un poco agripado y preferimos que no viajara…
—Ah, ya, algo de eso imaginé. Ahora, ¿puedes decirme por qué me estás evitando? ¿Por qué me están haciendo desplantes todo el tiempo? No creo merecerlo; no creo haber hecho nada malo para que me traten así.
—Pues… la verdad es que nuestro arreglo contigo, de publicidad mutua, no incluye que provoques abiertamente a nuestras fans, o que des más información de la debida…
—Ah, ¿es por eso? Puedo ser más discreta si eso es lo que quieres. Y sus fans… pueden llegar a ser muy ofensivas, realmente se obsesionan.
—Tienes que, simplemente, ignorarles: te asombrarían los insultos que nos dicen a veces a los miembros de la banda, especialmente a Bill y a mí; incluso frente a frente.
—No tengo tanta paciencia para aguantar…
—Deberías estar acostumbrada; siempre has creado polémica a tu alrededor, ¿no?
—Sí, es cierto —ella le echó una mirada coqueta—; y… ¿ya te vas? Puedo acompañarte a tu hotel, Dahlia se quedó con su papá en Berlín.
—Pues… será mejor que no.
—¿No? ¿Qué es lo que pasa contigo, Tom? Dijiste que te yo te gusto, yo ya dije que no tienes que asumir compromisos, ¿por qué me evades?, ¿por qué… parece  que la idea de tener sexo conmigo te repugna?, sí, te repugna, deberías ver tu cara ahora mismo.
—Pues… mentí —Tom no pudo callarlo más—, en verdad… no me gustas, no como…
—Eres gay.
—No.
—No es una pregunta, Tom; es un hecho. Solo me pregunto quién será el dueño de tu corazón porque no he logrado… ah, ¿será cierto?, ¿es Bill?

Tom se intranquilizó y detuvo un taxi.
—No debías creer en todo lo que lees —dijo él antes de marcharse.

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Todos los miembros de la banda llegaron al evento de Cadillac desde lugares diferentes. Gustav acababa de celebrar su cumpleaños en Magdeburgo, y Georg había llegado con él; Tom venía de Dusseldorf, y Bill fue recogido por uno de los miembros del staff de la banda en Berlín.

Aunque ya habían hablado por teléfono y Bill sabía lo angustiado que había estado Tom, no se habían visto frente a frente hasta ese momento. Georg y Tom lo vieron llegar y le dieron una calurosa bienvenida, Georg lo abrazó brevemente y luego Tom, con más ímpetu, ambos sonrientes y abrumados por la sensación de volver a estar juntos.




—Tenemos mucho de qué hablar —susurró Tom cuando ya las cámaras no los enfocaban.
—Ya lo sé, cuando volvamos al apartamento; ahora, hay que sonreír para las cámaras, ¿sí? —le tomó la mano derecha con su izquierda, uniendo sus tatuajes gemelos, simbolizando su unión.
—Sí, Billy, de acuerdo —Tom puso todo su empeño en meterse en su personaje bromista, despreocupado, arrogante; tanto como para cuando Bill, que transmitía en vivo para su cuenta de Instagram, le preguntara de qué reía, lo mirara casi serio para decirle: “De tu cara fea”.


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