jueves, 10 de agosto de 2017

ALGO NUEVO IV



IV

Fue excitante para todos salir a la calle en Loitsche, ver a los vecinos y saludarlos como si los encontraran todos los días, toparse entre la multitud a fans que no se les fueron encima para arrancarles la ropa o las joyas —como había ocurrido en el tour anterior— sino que se acercaron tranquilamente a decirles cuanto admiraban su trabajo en la música, a darles ánimos, y a pedir un selfie con ellos; especialmente porque poco antes de navidad habían lanzado el primer single del álbum: “Something new” y antes de que se acabara el año saldría otra más de las canciones ya listas “What if”.

 A pesar de que normalmente era muy amable con sus admiradores, Tom dio una excusa para no fotografiarse pero Bill sí aceptó, y puso ante cada cámara su mejor sonrisa. Simone los miraba desde una prudencial distancia, orgullosa de lo que sus hijos habían alcanzado; se dijo a sí misma que debía batallar para que ese fuera el sentimiento que imperara al pensar en ellos, y no la vergüenza, ni la ira, ni la decepción.

Bill y Tom, no obstante, no se quedaron mucho tiempo más en Magdeburg; Georg y Gustav no estaban en la ciudad tampoco, puesto que enseguida de la navidad habían hecho viajes familiares y románticos para esperar el año nuevo, lo cual era justamente el plan que los Kaulitz tenían: una escapada romántica invernal.

Primeramente fueron a Berlín, donde dejaron en un apartamento alquilado —en Alemania tener una residencia fija era para ellos un peligro potencial de ser acosados— la mayor parte de su excesivo equipaje y aprovecharon a hacer algo de vida de turistas allí, puesto que casi siempre que habían estado antes en la ciudad se veían prácticamente obligados a mantenerse tras las paredes del hotel o la casa que los cobijara. Luego, se fueron a Ällgau, ese lugar hermosísimo al que el año anterior se habían tenido que llevar a Ria también.
—El paisaje se ve mucho más brillante sin la sombra de la zorra, ¿no? —ironizó Bill mientras caminaban con sus perros por los senderos montañosos.
—Ay, Billy —Tom rio ligeramente—, ¿no podemos olvidar que ella existe?... al menos hasta que tenga que lidiar con el divorcio de nuevo —ya sabían que Ria no había aceptado los términos: su ambición se hacía patente y exigía más compensaciones monetarias de las que Tom estaba en condiciones de pagar.
—Bien, olvidémosla.
—Excelente; hay que aprovechar que no hay fans a la vista.
—Ugh, sí, Tomi, de nuevo encontramos fans en cualquier parte; no sé si me gusta eso, o me molesta...
—Las dos cosas, ¿no? Me gusta porque quiere decir que no nos han olvidado; pero me preocupa que alguien esté cerca cuando hago esto —lo haló hacia sí para besarlo profundamente; Bill se abandonó en el beso, y los perros solo se sentaron unos instantes, acostumbrados a que cuando sus padres humanos se agarraban de ese modo ya no se podía seguir caminando por un buen rato.

Estuvieron en la población solo hasta el día de año nuevo, porque ya les habían contado que allí se daban las mejores celebraciones, para luego irse a otra sorpresa que Tom había preparado, al otro lado de la frontera entre Alemania y Austria: un pueblo turístico llamado AlmZeit promocionaba su estancia de invierno en unas cabañas que quedaban frente a la pista de patinaje.

Aunque desde su llegada todo el ambiente le pareció excelente a Bill, el mayor asombro vino cuando encontró sobre la mesa el folleto del lugar en el que estaban: Das Almdorf-Hochzeiter-Hütte, o sea, Cabaña de Boda de El Almdorf, equipada con dormitorio de madera con cama king size, casa de árbol con puente levadizo, cuarto de baño con bañera de madera, ducha y WC, cuarto infrarrojo, cuarto de ropero, estufa con chimenea abierta, terraza de sol y balcón, minibar, TV y Radio Tivoli.
—¡Es demasiado romántico, Tomi! Me dan ganas de presumirle a todos adónde me has traído.
—Pues hazlo, no me importa.
—¿De veras? Entonces... déjame tomarle una foto a nuestro desayuno —hacía solo unos segundos que el servicio del hotel había traído un pedido hecho desde días atrás; Bill se las arregló para que se viera bien el encabezado del folleto promocional—; quien quiera ver, verá...
—Es bueno saber que hay personas que disfrutan sabiéndonos felices; y solo esas personas entenderán este signo, ¿no?
—Así es. Me imagino sus caras cuando vean lo de Cabaña de Boda; ya veo cuáles son tus intenciones al traerme aquí: luna de miel...
—Pues... lo que me fascinó fue esa bendita casa del árbol con puente levadizo... Me imaginé hacernos el amor allí, apartados del mundo, sin que nadie pueda llegar a nosotros si no se lo permitimos.
—Lo dicho, eres todo un romántico. La casa del árbol igual nos trae muchos recuerdos... de pequeños... cuando aún... éramos solo hermanos...
—Ajá, y luego le pusimos ese nombre a nuestra empresa: Treehouse.
—También recuerdo que en la casa del árbol en la casa de los abuelos, nos escondíamos para... tocarnos, besarnos...
—Sí, eso también, éramos unos niños entonces.
—Pero yo siempre te he amado, Tomi... —se le fue encima para besarlo y lo arrinconó contra una de las paredes de madera que los protegían del frío; Tom se dejó hacer por un rato pero luego lo separó con delicadeza.
—Desayunemos; necesitamos las fuerzas antes de... hacer nada más; nos conozco y terminaremos desfallecidos, muriendo de hambre y sin conocer nada de AlmZeit en todos los días que estaremos aquí.
—Está bien, hermano mayor; te concedo razón en eso —Bill se sentó en la mesa y  tomó una de las fresas, la mordió y dejó que el jugo le corriera por la comisura de los labios; esa provocación bastó para que Tom se acercara a lamerlo y limpiar el delicioso líquido rojizo antes de que cayera sobre su ropa; así se enzarzaran en otra ronda de besos apasionados. Tom terminó sentado de lado sobre el regazo de Bill mientras se alimentaban uno al otro con toda la apetitosa comida en la mesa; conocer AlmZeit quedó para unas cuantas horas después, puesto que la cómoda cama kingsize tenía varias ofertas para ellos: hacer el amor, lenta y dulcemente, y luego dormir uno en brazos del otro.

A pesar de que no pensaban encontrarse fans en un lugar tan inusual para ellos, fuera de la acogedora cabaña que rentaran trataban de no tomarse las manos, o besarse, pero aún así pudieron escuchar a algunas personas, turistas que hablaban inglés especialmente, llamarles “twinsies”. Bill, con su natural curiosidad, quiso saber a qué se referían; porque la gente no decía: hey, son “twins” sino “twinsies”, y no entendía el sentido. En internet encontró varias acepciones populares, pero hubo una que le pareció la más apropiada: «mejores amigos (usualmente chico y chica) que son casi idénticos en todo pero no están relacionados familiarmente en verdad, así que si están uno con el otro o se juntan como pareja, no sea raro”,  algo así como: «Oh, Dios, somos como gemelos, pero salimos juntos y te gusto, somos twinsies!!»”; se echó a reír solo al entender de qué se trataba el comentario y luego le contó a Tom.
—La gente acá cree que somos pareja...
—¿En serio? —Tom rió—. ¿Por qué lo crees?
—Por esto —le mostró su hallazgo y Tom entendió.
—O sea, creen que somos una pareja de dos tipos que parecen gemelos pero no lo son, así que no es raro que estén juntos, ¿no? Jaja, ¡y eso que ahora nos parecemos mucho más que antes en el estilo!
—Sí, nosotros más bien somos twinzies... con z...
—¿Por qué?
—Porque somos los Kaulitz, con z, y nosotros no parecemos gemelos, lo somos; y nos gustamos, somos una pareja, aunque sea raro...
—Sí, es cierto.
—Twinsie también se le llama a una foto de dos personas, especialmente una pareja, en la misma posición, así que... hagámonos una... —estaban parados muy juntos en el hielo, a punto de comenzar a patinar.
—Ok —Tom lo agarró desde atrás por la cintura y ambos sonrieron para la cámara del teléfono—. Supongo que por vernos así como ahora es que creen que somos pareja...
—Dejemos que lo crean; si total, es verdad.
Ambos rieron alborozados. Realmente esas vacaciones de invierno les estaban haciendo mucho bien.


El restaurant de la villa era verdaderamente acogedor: cerca de cada una de las mesas había una pequeña chimenea que llenaba todo el lugar de una encantadora calidez, así como la penumbra y la fina vajilla. No más entraron, Bill vio a una persona muy parecida a su padrastro sentado en una de las mesas: “¿Te imaginas que mamá y Gordon estuvieran aquí?”, tocó a Tom con el codo y este dio un respingo: “Mejor no, Bibi; tenemos que conservar la paz lograda... Quizás un día...”. Bill ya no tenía muchas esperanzas de que un día Simone de veras los aceptara, pero aceptó la optimista esperanza de Tom. La comida resultó tan agradable como el lugar así que se acercaron, utilizando su estatus de famosos por una vez, a la cocina del lugar, donde los aceptaron con alegría y amabilidad, les explicaron todo, y se tomaron fotos con ellos.
Al regresar a la cabaña, Pumba y Capper los rodearon, ansiosos por dar un paseo, así que les complacieron; pero al regresar, y ya con sus hijos de cuatro patas cómodamente instalados para dormir uno pegado al otro como acostumbraban a hacer imitando a sus padres humanos, Tom arrastró a Bill hasta la casa del árbol.
—Desde acá se ven todas las estrellas, Billy... —lo hizo sentarse sobre el suelo de madera, a su lado.
—Sí, es una bella vista —Bill hasta sintió deseos de suspirar—. La noche está tan despejada que si pasa un ovni lo veremos...
—Tal vez el alien nos vea a nosotros y nos lleve a su nave...
—Mientras sean aliens benefactores, como los Arcturianos, me parece bien.
—¿Sí? ¿Incluso aunque te llevaran a ti solo y me dejaran a mí en la Tierra?
—¡No! ¡¿Cómo se te ocurre?! No te dejaría...
—¡Ah! —Tom dejó salir una risa ligera y luego se lanzó sobre Bill para hacerle cosquillas—; yo tampoco te dejaría, hermanito...
—¡No! ¡No! ¡No me hagas cosquillas! ¡Para! —Bill luchó para liberarse hasta caer sobre Tom que solo se reía como un niño, porque de pronto se sentía así; aunque el calor de Bill sobre él, y la erección que empezaba a topar con su abdomen, le devolvieron a otra realidad: ya no solo eran aquellos hermanitos juguetones de la casa del árbol de la abuela, también eran amantes, se amaban y se deseaban, eran jóvenes, y estaban llenos de energía.

Acariciados por el calor de la chimenea, Bill se quitó sus ropas e hizo lo mismo con Tom, a quien no dejaba salir de bajo suyo: cada vez que lo intentaba, Bill lo disuadía con besos y caricias que lo desarmaban. Una vez estuvo desnudo, Bill colocó una hilera de besos por todo el pecho y el abdomen de Tom hasta tomar en su boca la erección gemela de la suya; Tom le correspondió con un gemido desesperado: sí, eso se sentía muy bien, pero quería más, quería tener a Bill dentro suyo, quería ser uno con él. Ese deseo también se cumplió pronto, cuando, tras prepararlo con sus dedos a la vez que le daba sexo oral, su gemelo lo instó a colocar las piernas a cada lado de sus caderas y lo penetró. Se le escapó un grito de satisfacción, y luego jadeos y gemidos expresando el placer que sentía en esa situación, el amor que en esos momentos se comunicaban a través de la piel y de los ojos, de esas miradas que decían más que mil palabras. Un rato después, Tom logró al fin moverse de bajo Bill y cambiar la posición a la que más le gustaba: él sobre Bill, cabalgándolo, subiendo y bajando a su propio ritmo sobre aquel “pene delicioso” como él lo llamaba,  a la vez que podía apoyarse en su pecho, besarlo, mirarlo a los ojos; no había mejor sensación.

Los días de vacaciones invernales pasaron así, y a pesar de que ninguno quería que terminaran, también sabían que debían terminar el álbum, que el mundo real los esperaba. No obstante, antes de que se marcharan de AlmZeit, el mundo real irrumpió en la escena: mientras patinaban sobre el hielo, el móvil de Tom sonó; pero era Bill quien lo sostenía porque Tom estaba dando vueltas por la pista en ese momento, sintiéndose libre. Miró la pantalla y vio el nombre del abogado nombrado para el divorcio de Tom; lo tomó.
—Hola.
—Hola, sr. Tom Kaulitz.
—Soy su hermano, Bill; pero puede decirme lo que sea y yo le daré la información a Tom.
—Pues... sí, está bien; él me ha contado que ustedes no tienen ningún secreto uno con el otro.
—Así es.
—Bueno, solo quiero avisarle que se está programando una conferencia entre las partes, para febrero; la fecha exacta se la informaremos más tarde.
—Ese divorcio se ha extendido demasiado, ¿no?
—Es porque la esposa no acepta las condiciones económicas; está demandando más.
—Ah, ya —Bill se sentía hervir de rabia—; de acuerdo, le digo a Tom.

Colgó y, con uno de esos exabruptos que a veces no podía controlar, lanzó el teléfono lejos; Tom vio el gesto y fue hasta allí.
—¡Billy!, ¿por qué hiciste eso? Acabo de arreglar ese teléfono... —lo tomó del suelo y vio que estaba dañada una parte de la pantalla y de la cubierta posterior—. ¿Estás loco?

Bill reaccionó viendo lo que había hecho.
—Ay, sí, discúlpame, Tomi, por favor, yo... me exalté con una llamada que tomé... y... no sé por qué hice eso, perdí el control, es que... esa mujer me exaspera...
—¿Tomaste una llamada que era para mí? ¿De quién? —no era la primera ni sería la última vez que Bill tomaba una llamada que era para Tom, muchas veces porque el propio Tom le daba el teléfono ante la insistencia de alguna fan que, de algún modo misterioso, hubiera conseguido su número; una de esas veces Bill, rabioso, le pidió que lo dejara romper el teléfono, y Tom asintió diciendo: “Rompe esa cosa”.
—Era tu abogado, para decir que programarán una conferencia entre las partes porque la maldita de Ria no acepta las condiciones económicas; la perra quiere más y más, y ese divorcio no acaba de terminarse...
—Ah, es eso.
—Te avisarán la fecha exacta luego.
—Y no iré.
—Pero...
—No voy a hacer ningún trato más con ella; ya le di demasiado y ella... solo me traicionó. Fui un ingenuo pensando que de verdad había sido mi amiga alguna vez.
—Lo siento, Tomi; yo... compraré otro teléfono para ti.
—No, déjalo así; lo precintaré y lo mantendré conmigo para que me recuerde no confiar tanto en las personas.

Bill le tomó la mano y se la apretó; luego le dio un abrazo apretado que ambos necesitaban.

Antes de marcharse con rumbo a Berlín, tomaron varias fotos más de los bellos paisajes a su alrededor, incluyendo una desde el balcón de la casa del árbol, pero esta vez de día, y Bill no pudo evitar ponerle un comentario: “Sobredosis romántica”; ya estaba dicho, quien quisiera entender, que entendiera.



*****************

El álbum aún no estaba terminado, pero ellos ya habían comenzado a promocionar el tour. En medio de la Berlin Fashion Week ambos fueron invitados a una cena ofrecida por Lala Berlin. Encontraron  a mucha gente importante del mundo de la moda allí, entre ellas  una modelo germano-iraní llamada Shermine, con la que ambos habían compartido antes en eventos en USA. Esta vez, aunque ella tenía un novio millonario, insistía visiblemente en acercarse a Bill. A Tom se le movió el mundo, puesto que esa situación le recordaba el dolor de la traición de Bill con una modelo mayor que él —esta también lo era, tenía 34: a Bill le gustaban las mujeres mayores, y a ellas les gustaba Bill—; se acercó y lo escuchó diciéndole a la chica: “Prefiero estar solo, ¿sabes? Es menos doloroso.”
—Lástima —contestó Shermine—, porque eres un bello rompecorazones; no puedo imaginar cómo alguien no te retornaría el amor.
—Ah, ¡no es cierto! —Bill dejó salir una risa nerviosa y acercó su rostro al de ella para el selfie que le pedía; luego vio llegar a Tom y se alejó: quería decirle “No es nada de lo que estás pensando”, pero no podía delante de esa toda esa gente, delante de la modelo; pudo sentir la inquietud de su gemelo y solo atinó a tomar su brazo y acercarlo a la conversación—. ¿Escuchaste eso, Tomi? Dice Shermine que soy un rompecorazones, ¿qué crees tú? Tú conoces todos mis secretos...
—Bill... —Tom dejó salir su sonrisa cínica ante la mujer— es un rompecorazones, solo que se hace el santo; yo lo conozco bien, sí.
—Ya lo sabía —palmeó ella dejando salir su sonrisa amplia y guiñándoles un ojo a ambos.

Afortunadamente, los llamaron para una de esas pequeñas entrevistas que les hacían los medios en cada lugar al que iban y Bill vio el momento justo para asegurarle a Tom mientras caminaban al lugar que “Shermine es así, coqueta; pero yo no coqueteé con ella, te lo juro”. “Más te vale”, murmuró en un tono bajo Tom antes de que pusieran sus sonrisas de show y empezaran a responder preguntas.

Para el final, el entrevistador les hizo una pregunta jocosa: “¿Algún anuncio que hacer?”
—Quiero decir que estoy completamente abierto para algo nuevo —dijo Bill entre risas, no pudiendo evitar utilizar la ocasión para provocar a su gemelo después de su pequeña escena de celos; a Tom, aunque También rió, no le resultó tan graciosa la frase, así que a Bill solo le bastó mirarlo unos segundos para decirle sin palabras: “Es broma, bebé. Solo te necesito a ti”.





    shermineshahrivar And this beauty#heartbreaker #goodtimes 🕺🏻🔥🌈#loversgonnalove












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