jueves, 16 de julio de 2020

ALGO NUEVO - XIII

13

Una vez más, se escaparon a uno de sus paraísos personales: Palm Spring. Rentaron uno de los bungalows del L’Horizon Resort & Spa, con piscina privada y una enorme cama a la que planeaban darle mucho uso, aunque para ellos cualquier lugar era bueno para dar rienda suelta a la pasión.

 

Tom, obsesivo con la música que componían, se llevó la laptop a la orilla de la piscina, a la que entró desnudo.  Bill le siguió la corriente y llevó también la suya, aunque no la abrió: solo trajo copas de champagne para ambos, una vela aromática, y se sentó, él sí con un traje de baño azul, a admirar el perfil de Tom, su expresión concentrada, todas esas cosas que lo hacían tan atrayente e irresistible; para Bill, no había nada ni nadie más perfecto. No pudo absteberse de fotografiar la escena y comentar en su IG: “Working hard, hardly working (Trabajando duro, apenas trabajando)”. A Tom le sonó en su laptop el aviso de que su hermanito acababa de postear algo en su cuenta de Instagram y la curiosidad le pudo. Sonrió al ver la imagen y miró a Bill.

 


—Yo estoy trabajando… duro… —hizo un gesto hacia su entrepierna que denotaba el doble sentido de la frase—, porque tú apenas trabajas y solo me distraes y me… haces trabajar… duro.

—¿Ah, sí?  —Bill se colocó de forma que Tom viera que su entrepierna también estaba dura, cada vez más—. Tú me distraes a mí, si trabajas… duro… desnudo, la vista desde aquí… es demasiado excitante.

—¿Qué tal si… te desnudas también y vienes al agua? Te prometo que está cálida y se siente mejor así… sin ropa.

—De acuerdo —Bill se metió al agua y ya dentro se deshizo de su ropa de baño que dejó en la orilla de la piscina, se acercó a Tom desde atrás—. Deja ver… qué estás haciendo…

—Solo unas ideas para efectos en la canción que empezamos ayer… —Tom paró de hablar porque el roce del pene erecto de Bill entre sus nalgas aceleró su respiración. Luego sintió un largo dedo entrar en él sin encontrar mucha resistencia…

—Aún estás…

—Sí, sí, estoy listo, no pierdas tiempo…

—Tranquilo, Tomi, tenemos todo el tiempo que queramos. Nadie va a llegar, nadie nos ve, nadie sabe dónde estamos —a pesar de que realmente Tom parecía bastante preparado para recibirlo, Bill prefirió asegurarse de ir con cuidado, lentamente, porque nunca soportaría lastimarlo.

 Cuando al fin Bill entró en su cuerpo, Tom solo apretó aún más el borde en el que estaba apoyado, mientras Bill lo cercaba con sus brazos, besaba su omóplato, su hombro, su cuello, le susurraba al oído: “Tom, Tomi, eres tan bello… y tan mío”.

 

Día tras día, una vorágine de juegos, risas, sexo apasionado y momentos románticos llenó cada uno de sus segundos, hasta el momento en que debieron partir, volver a su realidad.

 —¿Cuándo…?

—En febrero, en algún momento después de San Valentín, en eso quedamos.

—Está bien, entonces aún tenemos tiempo para nosotros solos.

—Sí, Tomi, en nuestra casa, juntos.

—Volvamos a casa entonces —Tom encendió el auto, y partieron.

 

******************

Bill vio la más reciente entrevista que le hicieran a Shermine desde su celular: les habían etiquetado a él y Tom porque ella los mencionaba: “Soy amiga de Tom Kaulitz” y “sí, de Bill Kaulitz también”.

 —Que siga creyendo que estamos en su juego, se va a llevar una gran sorpresa…

Tom asintió a la frase mordaz de Bill. Habían pasado varios días ya en el estudio trabajando en dos nuevas canciones: una ya tenía título: Melancholic Paradise y de la otra solo tenían la melodía y un estribillo contagioso “Baby, I don’t mind, as long as is you and I (Bebé, no me importa mientras seamos tú y yo)”; tenían la sensación de que debían hacer todo lo posible, estar todo el tiempo juntos, aparte del resto de las personas, aprovechar su libertad.

El sexo era parte de ello: era como si no pudieran saciarse, como si nada fuera suficiente para demostrarse todo ese amor que los consumía. De hecho, hasta se atrevían a mostrar más de lo que pasaba en redes sociales, o mejor dicho, en la cuenta de Instagram de Bill especialmente, ya que Tom jamás usaba la suya, pero sí seguía teniendo la manía de fotografiar a Bill en las posiciones más bellas, o raras, o artísticas, o simplemente significativas.

Cuando Bill vio a Tom arrodillado ante él que acababa de salir de la ducha y ponerse la  bata de baño, sosteniendo el móvil frente a su cara tratando de enfocarlo desde esa perspectiva, no pudo hacer menos que suspirar, resignado.

 —¿Qué estás haciendo, Tomi?

—Tomando la foto que nadie más puede tomar… desde esta perspectiva y en este lugar —dicho eso el sonido característico de la cámara digital se oyó—. Te dejaré postearla, pero solo después…

—¿Después de qué?

—Después de… esto —Soltó el móvil y se abrió paso por entre la bata para tomar el pene de Bill en su boca.

—Oh… —Bill se dedicó a disfrutar las deliciosas sensaciones que su gemelo le provocaba.



Los días se les pasaban así, prácticamente encerrados, excepto por paseos con sus perros y una invitación que les hicieron Thomas Kretschmann y su novia Brittany a pasar el día en su casa con perros incluidos; llevaban una buena amistad con ellos, a pesar de que Thomas era ex novio de Shermine y Brittany aún era su amiga —aunque ya casi no se veían las dos—. Casualmente, Thomas también tenía muy buenas relaciones con Heidi Klum, pero Bill y Tom no querían tocar ese tema y parecer demasiado interesados; tampoco querían meter a mucha gente en el asunto: ese debía ser un secreto que solo ellos, Heidi, y tal vez Hayo compartieran, mientras menos personas supieran, más posibilidades de éxito tendría todo.

Thomas aprovechó para hacer con ellos una de esas sesiones de fotos que tanto disfrutaba hacer como hobby, ya que la actuación le quitaba la mayor parte de su tiempo profesional.

 














Decidieron trabajar el estudio la víspera de San Valentín para celebrar sin interrupciones al día siguiente, pero tampoco allí pudieron resistirse a la pasión que los dominaba y mientras Tom intentaba dominar a Bill para tomar el papel activo entre los dos esa vez, el móvil de Bill fue a parar al suelo, pero él ni siquiera lo notó, concentrado como estaba en lo que Tom le hacía sentir. Fue solo después que recuperaron el aliento que Bill vio su móvil estrellado en el suelo con la pantalla hacia abajo.

 —Oh, Tom, ¡ve lo que hiciste! —le mostró y Tom se agachó a recogerlo.

—¡¿Lo que hice?! Creo que fuimos ambos. Y de hecho eras tú quien no se quedaba quieto.

—Hum, sí, cierto —Bill sonrió. Tomó el móvil y trató de hacerse un selfie pero este salió bastante mal—. Oh, la cámara frontal se dañó… Está bien, ya compraré otro. Valió la pena…

—Ya lo creo —Tom aseguró, presuntuoso—. Por lo menos esta vez no fue mi móvil el que terminó estrellado…

—Ay, sí…

Ambos rieron, antes de irse a duchar juntos, empujándose juguetonamente: era una suerte que nadie fuera admitido en el estudio mientras ellos trabajaban en él. Decían era una cuestión de seguridad, para que la música no fuera pirateada, pero exageraban con ni siquiera dejar un portero en la entrada. Luego, volvieron a terminar el trabajo.


Al mediodía de San Valentín fue que ambos despertaron: quedaron en que Bill escogería en donde almorzarían, y Tom se ocuparía de elegir la cena.

Conociendo la fogosidad de Bill, y su invariable energía sexual, a Tom no le asombró que llegaran a un restaurante de mariscos y pidiera ostras para los dos.

—Tu fuerte no es ser sutil, ¿cierto, Billy?

—Pues… ya sabes cómo nos ponemos en San Valentín, hay que acumular fuerzas —le guiñó un ojo y Tom miró alrededor; nadie los miraba, todo el mundo estaba en lo suyo, pero aún así siempre tenía miedo de que alguien los fotografiara a escondidas mientras se hacían algún gesto que pudiera parecer… raro para dos hermanos—. ¿Qué tienes planeado para esta noche?

—Es sorpresa.

—¿Me das una pista?

—Eh…ok, solo que de acá nos vamos para el Chateau…

—¿Directo de acá?

—Sí.

—Pues… las ostras ya me están haciendo efecto… nos vamos cuando quieras.

—¡Cómo si necesitaras las ostras para estar… así!

 

Ambos rieron, con esa risa de gemelos cómplices que se mezclaba con la coquetería de amantes.


Al llegar al Chateau, antes de bajar del auto, Tom le alcanzó a Bill su peluca rubia de pelo natural.

—¿Y esto… —preguntó Bill— porqué lo trajiste?

—Para despistar… y recordar… cuántas veces te has hecho pasar por chica para entrar a mi habitación y que… los curiosos crean que me “como” rubias delgadas…

—Pero mira mi ropa… no funciona si voy vestido así y sin afeitarme. Solo pareceré Conchita Wurst, y ese papel… ya es tuyo…

Tom soltó una carcajada ante la alusión de Bill a su “femineidad interior”.

—No importa, solo evitemos que digan que los gemelos Kaulitz llegaron al Chateau juntos en San Valentín. Yo saldré primero; espera unos minutos, te pones la peluca, cubres un poco tu rostro y… subes a esta habitación… —Le alargó una llave electrónica con un número en ella.

—Andas todo misterioso, Tomi…

 

Tom solo le respondió con un beso, antes de salir del auto en el parqueo. Bill hizo todo como Tom le había indicado, y, al abrir la puerta, encontró todo cubierto de pétalos de rosas de su color preferido, desde el piso hasta los muebles y la cama redonda con sábanas de seda roja donde Tom lo esperaba, con solo un poco de las sábanas tapando su entrepierna, de modo que el brillante rojo hacía parecer que era la figura principal en una pintura renacentista.

—Billy, me alegro que hayas encontrado nuestra habitación pero… creo que traes mucha ropa encima —accionó un control remoto que tenía cerca y empezó a surgir la melodía de la canción que estaban componiendo, así que Bill entendió cuál era la fantasía que Tom estaba llevando a cabo, y empezó a desvestirse lentamente, moviéndose al ritmo de la música. Una enorme sonrisa adornaba las facciones de Tom mientras sus ojos brillaban llenos de amor y excitación.

 

Cuando Bill estuvo completamente desnudo, se tocó la erección orgullosa, ahora libre, y que un rato antes apretaba en sus jeans, mientras movía las caderas sensualmente y la melodía en el reproductor reiniciaba otra vez.

—Tomi… ¿quieres bailar? —lo incitó sin dejar de moverse pero acercándose más y más a la cama.

Tom solo se quitó la sábana de encima, revelando también su propia erección y se encontró en un abrazo apretado con su gemelo, quien enlazó su cintura mientras él acomodaba su cabeza en el hombro de Bill, olía su cuello, lo besaba suavemente, y ambos se movían al compás de la música, rozándose, excitándose cada vez más. Cuando la melodía al fin paró, Bill sintió que su piel se humedecía justo donde Tom tenía su cabeza, y lo hizo mirarlo.

—Tomi, ¿estás llorando? Por favor, no llores…

—Estoy llorando… de felicidad, pero también… me abruman tantos sentimientos, tantos secretos, miedo a que nos descubran, al futuro, a… perderte…

 —No, Tomi, jamás me perderás. Te amo a ti y solo a ti, y moriría sin ti, soy yo quien… vive asustado de perderte, por mis errores, por mi… egoísmo. Mira tú, lo tierno y romántico que eres, sé que no te merez… —Tom lo calló con un beso, y Bill se abandonó a sus deseos.

 

Cayeron en la cama enredados, pero pronto Bill estuvo con su espalda sobre la cama y Tom sobre él, haciéndose penetrar, en la posición que más disfrutaba.

—Oh, Tomi, ya estabas… preparado… —habló Bill, con la respiración agitada.

—Lo hice… mientras te esperaba… —jadeó Tom, mientras subía y bajaba cabalgando a Bill, unido a él.

 Se durmieron cansados, uno sobre el otro, después de repetir dos veces más su unión sexual, aunque en una de ellas cambiaron los roles. Los despertaron toques a la puerta.

—¡Servicio de habitaciones para el señor Kaulitz!

 

Tom le dio un rápido beso a Bill y lo dejó en la cama.

—No dejes que te vea, ¿sí?

 Bill asintió y se escondió un poco entre las sábanas, mientras Tom se colocaba una bata y abría la puerta. Cuando volvieron a estar solos, Bill se fue corriendo al baño a orinar; cuando aún no había salido, Tom se le unió ahí dentro…

—¿Sabías que esta bañera es un jacuzzi? —abrió la cortina y se pudo ver que en el agua también flotaban pétalos de rosas.

—Pensaste en todo, ¿no? —sonrió Bill y accedió a la mano que Tom le tendía para que ambos entraran, se relajaran, se limpiaran el cuerpo.

 

Al salir de la mano, Bill vio que la mesa estaba ya adornada también con pétalos de rosa, y un plato delicioso con un bizcocho en forma de corazón adornándolo.

—Sí, pensaste en todo —se volvió hacia Tom y lo abrazó y besó una vez más, repetidamente—. ¡Tengo el mejor esposo del mundo!

 

Tom se rió.

—Yo podría decir lo mismo. Y… comamos… tengo mucha hambre.


 

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La celebración en el Chateau Marmont terminó por durar dos días más, y cuando  volvieron a su casa ya era fin de semana, y Bill insistió en que fueran juntos a lugares públicos, a beber algo, a comer helado, diciendo “No me importa, Tomi, no me importa que nos veas haciéndonos gestos cariñosos. El mundo alrededor no existe, somos solo tú y yo”.


Para cuando volvieron al estudio, Bill ya tenía casi lista una letra completa para la nueva canción, y la sugerencia de un título.

—Chateau…

—Oh, ya sé en qué te inspiraste.

—Sí —le sonrió con picardía— ve la letra y dime si te gusta.

Tom tomó el papel que Bill le alargaba, con la letra escrita a mano por él y leyó: “Así que nos encontramos un fin de semana, me alegro de que hayas venido al Chateau, donde no tenemos sensatez, pero nos sentimos vivos. Desnudándome en la habitación, sólo para hacerte sonreír, un poco de baile, un poco de romance, nos quedamos sin tiempo. Sé que van a hablar. Sé que van a mirar. Bebé, no me importa, mientras seamos tú y yo, bebé, no, no me importa. Y si queremos bailar esta noche, entonces la gente va a hablar. Déjalos hablar, déjalos hablar, déjalos hablar de eso. La gente va a mirar. Déjalos tocar, déjalos ver, déjalos sentir lo que es el amor. Nos estamos elevando los fines de semana, justo como nos gusta. Dicen que somos diferentes pero somos tan parecidos… Girando mi cabeza dando vueltas y vueltas vueltas y vueltas... Y no bajamos, no bajamos de nuestra nube. Déjalo ir porque finalmente sucedió. Soy yo, bebé, así que no llores. No me importa. No, no me importa”. Tras terminar de leer y levantar la vista, Bill pudo ver su mirada brillante, húmeda.

—Es genial, Billy, y… muy cercana a la realidad —le guiñó un ojo—; excepto que no fue exactamente un fin de semana lo que pasamos esta vez allí…

—Una licencia poética —se rió Bill—. Igual sí hemos estado otros fines de semana. El Chateau Marmont guarda muchos secretos nuestros. Por cierto, allí será el cumpleaños de Michalsky, el día 22, y Heidi estará ahí. Empezarán a “conocerse” y… luego, si todos estamos de acuerdo, discutiremos el contrato. 

 Tom suspiró y encogió los hombros resignado.

—Bueno, ahora sigamos trabajando…

1 comentario:

  1. Primero debo decir cada vez que vuelvo a leer esta historia que de hecho no es una historia lo certificó sino una maravillosa biografía de la vida de los gemelos kaulitz. Wao cada diálogo, cada narracion es extremadamente Real y me encanta la manera tan objetiva como expones la secuencia de cada hecho vinculado con ellos. Lo digo libremente el que quiera saber lo que han vivido los kaulitz como músicos, como hermanos, y como pareja lean esta biografía porque lo es. Es tan única e irrepetible. Ahh soy tu fans eres Súper escribiendo. Gracias por mantener este fansdom cada vez más vivo y que gracias a tu labor muchas y muchos seguimos con esta llama más viva que nunca... Creyendo en el twincestlove de los kaulitz.. La pareja más increíble del mundo.

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